Justificación

IV Jornada Género y Adicciones
Consumo Abusivo de Psicofármacos desde una Perspectiva de Género

8 de Mayo de 2019
Auditorio de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas
Plaza de España nº17
Madrid

En España las benzodiacepinas constituyen uno de los fármacos más prescritos. En concreto, se encuentran en el decimonoveno lugar de los fármacos más consumidos. La prescripción y consumo de antidepresivos, hipnóticos y sedantes mantiene una elevada escalada a lo largo de las dos últimas décadas. Ya en 1999, entre los 15 fármacos de mayor consumo figuraban tres ansiolíticos benzodiacepínicos. Diferentes investigaciones realizadas en el estado español dan porcentajes de prevalencia, siempre superiores en las mujeres que en los varones. Una prevalencia de morbilidad psiquiátrica en las mujeres con valores que oscilan entre 20 y 34%, mientras que en los varones oscilan entre 8 y 22%. (Vega, Romo, Márquez, Poo, Meneses, Gil, 2004).

Una definición de los sedantes hipnóticos y ansiolíticos es que son un grupo de fármacos que tienen una acción depresora sobre el sistema nervioso central y deprimen su actividad de modo que provocan sedación somnolencia y sueño dependiendo de la dosis administrada. Su forma de presentación es en tabletas o capsulas de diferentes tamaños y colores y su uso más común es la vía oral, también se presenta en compuestos para ser aplicados por vía intravenosa.

Las Benzodiacepinas suelen prescribirse de forma habitual a personas que presentan síntomas de estrés, tristeza o enfermedades físicas leves, son indicadas para el alivio de la ansiedad intensa. No se aconseja su administración de forma prolongada porque puede aumentar la probabilidad de dependencia en personas con antecedentes que presenten un perfil de abuso de alcohol, de drogas y de fármacos así como en personas con trastornos evidentes de la personalidad.

Los datos de la última encuesta EDADES disponible (2015) muestran que el 18% de la población española ha consumido hipnosedantes en alguna ocasión. Lo que equivale a una quinta parta de la población total, porcentaje considerable por su magnitud. Además muestra que la edad de inicio en el consumo se sitúa de media en los 35,6 años. Son las sustancias estupefacientes que más tarde se empiezan a consumir.

Según la misma encuesta las mujeres consumen hipnosedantes en mayor medida que los hombres. Estas doblan las cifras de los hombres en todas las edades y en todas las formas de consumo (alguna vez, en el último año, en el último mes y a diario). Es especialmente relevante la edad como factor de consumo. EL 23% de media de las personas de entre 35 y 64 años han consumido alguna vez, un 16% de hombres frente a un 29% de mujeres. Tendencia que se repite en la gente que consume a diario, un 8% de media, el 5% de hombres frente al 11% de mujeres. 

La incidencia de la enfermedad mental en las mujeres es mayor según diferentes estudios realizados en España. Pasa algo similar a lo que ocurre en los datos disponibles de consumo de psicofármacos. En la mayoría de estudios las mujeres son diagnosticadas de enfermedad mental en un porcentaje que dobla al de los hombres. Un ejemplo es el estudio de Rocha, Pérez, Rodríguez-Sanz, Borrell & Obiols (2010) en el que se confirma que las mujeres tienen una mayor prevalencia de enfermedad mental, un 24,6%, frente a un 14,7% de los hombres.

Los estereotipos y creencias sobre el género tienen una influencia directa en el comportamiento de las personas. Los estereotipos sociales de género aluden a un conjunto estructurado de creencias y expectativas compartidas, dentro de una sociedad, acerca de las características que poseen (componente descripti­vo) y deben poseer (componente prescriptivo) las mujeres y los hombres como grupos, sexual y genéricamente, diferentes. De esta forma, la feminidad se identifica con subordinación, entrega, pasividad y seduc­ción, mientras que la masculinidad presupone poder, propiedad y potencia.

Todo ello tiene implicaciones claras en términos de salud mental cuando se constata, por ejemplo, que la depresión tiene mayor prevalencia en mujeres que en hombres, y que lo es aún más en mujeres de mediana edad con una adscripción de clase más desfavorecida.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el género determina de manera fundamental la salud mental y también las enfermedades menta­les.

Los estereotipos pueden observarse en todos los ámbitos y actividades de la sociedad e influyen en las expectativas que mantienen los profesio­nales de la salud, dando lugar a los sesgos de género en la atención sanitaria. De forma que no se puede negar que el sexo/género marca diferencias, tanto en la práctica clínica que depende de si el paciente es hombre o mujer, como también puede variar  dependiendo de si la persona que atiende es médico y médica (Sánchez, (2003), citado en Vega et al 2004).

Nuevas epistemologías, nuevas metodologías y nuevas categorías analíticas han surgido desde el feminismo de cara a la salud mental, especialmente a partir de las décadas de los setenta y ochenta, como reacción frente al determinismo gestor de la llamada “feminización de la locura”, según lo expuesto por Ruiz Somavilla y Jiménez Lucena (2003). (Villamil, 2010).

El objetivo de estas jornadas es el presentar diferentes propuestas para tratar de comprender el fenómeno del consumo de psicofármacos desde la perspectiva de género. Unas sustancias cuyo consumo parece estar influido por múltiples factores, entre los que destaca ampliamente los estereotipos, los mandatos y los roles de género, presiones económicas y otros factores sociales como la pobreza y la desigualdad, etc.

Sólo entendiendo el fenómeno de manera integral será possible establecer estrategias de atención y prevención eficaces y ajustadas a la realidad.